Qué labios tan hermosos.
Le hice sexo oral y tuvo un orgasmo. Temblaba y vibraba como si tuviera muchos calambres. A decir verdad, me asusté.
Me miró, se rio y dijo:
—Soy muy sensible.
Me pidió que continuara y, con mi boca, la hice tener otro orgasmo.
Apenas tuvo el segundo, me puse el preservativo y la penetré. Todavía tenía espasmos.
Esa cuca estaba rica y húmeda. La miraba a los ojos mientras la embestía suavemente. Se ponía roja, aguantaba los gritos y, pum, otra vez: otro orgasmo.
Yo estaba loco.
Nunca había estado con una mujer así.
Y entonces dijo lo que, a mi parecer, es de las cosas más sexys que una mujer puede hacer:
—Déjame descansar.
Me quitó el preservativo y me hizo sexo oral. Lo mamaba como si su vida dependiera de eso. Se recogía el pelo y me miraba. Me hacía cosquillas con su lengua en mi cabeza.
Cuando estaba por acabar, la sujeté con mis dos manos para que se quedara tranquila y le di todo mi semen.
Pero no dejó de lamer. No dejó de chupar.
Era una dulce tortura.
Hasta que no sacó la última gota, no dejó de chupar...
Estar con ella era una locura. Siempre tenía muchos orgasmos.
Y a lo que veníamos, cada vez que nos veíamos, ella siempre llegaba producida, linda, oliendo a rico.
Uffff...
Hasta que un día, saliendo del hotel, vi a un chamo parado esperando.
Cuando nos vio, sonrió.
Yo pensé:
Aquí me mataron.
Estaba por salir corriendo cuando él se rio y me dijo:
—Espera.
Y entonces empezó a explicarme algo que yo jamás había imaginado.
Se rio y me dijo:
—Yo sé que ella viene siempre a verte a ti.
Después me explicó qué era el cuck y que él disfrutaba ver a su novia llegar feliz.
Ahí entendí que aquel chamo no estaba esperando para buscar problemas.
Todo era muy distinto de lo que yo había imaginado.
De ahí en adelante, él siempre nos esperaba fuera del hotel.
Nos íbamos a comer o a tomarnos unas frías.
Córdoba, Córdoba
primera vez como bull parte 2
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