Con @Lamujerdealguien
Ella es mi debilidad. Ella es mi pasión.
Salía de una juntada con amigos cuando se dio la oportunidad de encontrarnos: marido fuera, nenes fuera en el cine.
Y, en la casa, esposa sola.
Crucé capital tan rápido como pude, hacía frío, pero no lo sentía casi, o no me importaba.
Ella me abrió la puerta en su conjunto de gimnasia, apretado y rico, que tantos hombres le relojeaban, y una sonrisa pícara que cerraba de forma perfecta la presentación.
-Hola, Potra.
-Hola, morochón...¡eh!-Me tiré sobre ella, llevándola contra la pared. Adorándola, diciéndole que rica hembra que es, como me encanta, mi boca buscando su cuello y clavículas, ella se reía y me dijo:
-¡Pará, pará, potro, jejeje! Cosita...tenes las manos heladas ¿Estaba muy frío afuera?
Cuando le sale ese lado dulce es cuando mas quiero ser una bestia con ella. Pero me contuve.
-Un poco-mentí.
-Veni, entonces-ella me acarició y me llevó hasta una silla, donde pude bajar un par de cambios-. Quedate ahí, morocho...
Me dio un beso cerca de la oreja que me dio un escalofrío de placer. Se dio vuelta coqueta, exhibiendo sus curvas perfectas. Las calzas marcaban a la perfección ese culazo de gym que tanto había disfrutado besar y adorar, hasta la vitrina donde su marido guardaba las bebidas. Destapó un whisky y sirvió un poquito para ella y un poquito para mi.
-Chin chin-me dijo, y los dos tomamos.
Poco a poco el calor fue volviendo. Ella me acariciaba los brazos, hasta que el calor volvió a mis dedos. Tenía manos suaves, y proyectaba seriedad, pero en ese momento yo no veía a la mujer seria. Veía a una potra insaciable.
Nos dimos un beso húmedo, el sabor del whisky de su marido en nuestras bocas, gemía muy despacio y usaba su lengua como una artista en trance.
Ahora los dos estábamos calientes.
-Vamos-le dije, casi ordené. La llevé en su propia casa, y su mirada ahora se había vuelto un poco dócil, entregada. Nos volvimos a besar. Ella empezó a sacarme algunas ropas, yo casi las dejo ahí, pero ella se levantó y las colgó prolijamente...viéndola así, de espaldas, tranquila, cuidándome, estaba a un hilo de perder mi control. Caminé detrás de ella, la agarré con cuidado y firmeza de su cintura. Lamí su columna, sus omoplatos, mordí despacio la clavicula.
Ella gimió casi en un susurro, y me empujó con su cola. Se volvió un juego de provocación mientras la tocaba, mientras se estremecía y yo manoseaba a un ritmo lento todo su cuerpo de diosa milf, firme y deliciosa.
-No puedo resistirte. Perdón.
-No quiero que me resistas, bombonazo...-dijo, y con una mano acaricio mi entrepierna, sonriendo.
Nos desvestimos. Más bien, yo me desvestí, y le pedí a ella que se quedara un momento mas vestida así. Quería tocarla, lamerla, sentir la tela y la piel, frotar mi cara por su cuerpo. Primero se fue el top mientras mi lengua exploraba toda esa piel hermosa, ella abrió las piernas mientras tocaba sus muslos, me agarró la mano y me hizo tocarla por dentro. Y pasamos a la cama, riéndonos.
Cada uno de sus sabores es perfecto. La desvestí del todo, la fui chupando, la agarré firme de las piernas y mi boca subió por ella, la recorrí, en la cama en la que duerme con su marido la hice gemir. Me tomé mi tiempo, hasta que en esa luz tenue su cuerpo brillaba con mi saliva. Abrió las piernas, y la hice esperar un poquito más hasta que puso su mano en mis rulos. Me fui guiando y mi boca le dio placer, chupando, lamiendo, mordiendo despacito. Me encantó que marcara mis labios con su sabor y acariciara mis rulos mientras la chupaba. Había ternura ahí, cuidado y deseo.
Y con esa ternura me costó tanto no cogerla a lo bruto...
Después de hacerla acabar me preguntó que quería hacer, sin dejar de acariciarme el brazo. Tierna y puta a la vez.
Acá algunas cosas se mezclan, como cuando suele pasar cuando el sexo es demasiado bueno. Sé que fui brusco, que estaba alzado. Ella se río, todo estaba bien, había confianza de que la iba a cuidar.
Creo que la penetré de una, viendo como abría la boca y la señora seria se volvía una puta a mi merced. Le alcé las piernas a mis hombros y la cogí tan profundo como pude, lamiendo sus tobillos, acariciándola, teniéndola fija. El ángulo fue un poco difícil, pero cuando escuché que venía un segundo orgasmo aguanté, ella gritó más fuerte...gime como nadie.
Me quedé acariciándola, ella sonrió y se movió hasta tener mi pija a la altura de su boca. Empezó a chuparla.
Muchas mujeres creen que hacen bien sexo oral, pero pocas lo logran de verdad. Vos sos una de las pocas que lo logra, Potra. Esa boca insaciable, esa lengua, como chupas y gemís. Le masajee la espalda mientras me chupaba, sonriendo perverso.
-¿Te gusta probarte a vos misma, puta?
Ella siguió, al punto que me llevó al borde del placer y era peligroso seguir. Quería más.
La tiré del pelo, la besé y la di vuelta, el culo para arriba. La agarré de las muñecas para tenerla inmovilizada, viendo ese culo grande no resistí y la empecé a chupar. Sexo y ano en un 8 vicioso, empujando su perineo, masajeando, lamiendo, empujando, chupando, viendo las líneas de bronceado, culo grande, firme, atlético de milf, entré en un trance mientras lo estaba chupando acariciando su ano que palpitaba despacio abriéndose para mi, hasta que me di cuenta que venía otro orgasmo, así que puse mi boca en su clitoris y la dejé ahí hasta que gritó de placer.
No le di tiempo a recuperarse. La hice ponerse en 4, mientras todavía estaba sensible, para cogerla así. Fui casi agresivo de lo alzado que estaba, diciéndole todo tipo de cosas mientras ella no llegaba a reaccionar y gemía como nadie. En un momento aproveché y le metí un dedo por la cola, fue algo difícil de coordinar, pero estaba muy adicto a ella.
Ella después me chupó e hicimos un 69. Escucharla gemir y sentir su lengua mientras me refregaba su sexo y saboreaba su ano fue el paraíso. Ella me provocó un poquito pasándomela por la cara, y después bajando, bajando bajando, hasta quedar de cuclillas dándome la espalda, así podía ver su culazo mientras me cabalgaba.
Ahí aproveché y le saqué una foto que mandé al cornudo, para que supiera que pasaba con su hermosa esposa cuando él no estaba.
Me montó y yo la monté a ella en misionero, ese momento tan intimo y hermoso.
Ella me acariciaba la espalda rozándome con las uñas. Y mientras la cogía más fuerte, gemía, pero en un momento empezó a hablar. Me dijo:
"Te quiero solo para mi, morochón, solo mío, solo mío".
No sé porqué, pero ese gesto posesivo me calentó muchísimo, y volví a ese ritmo tan bruto que pensé en preguntarle si estaba bien, pero ella me abrazó mas fuerte, gimiendo. Yo la cogí como una puta, en celo, con amor, sabiendo que en esa cama iba a dormir con su marido, queriendo marcar las sabanas hasta llegar al colchón.
Ahora parecía una puta poseída al acabar, deliciosa, sacada, tan trola...nos dimos un momento de ternura y mimos.
Mi mano, por hábito y morbo, acariciaba sus piernas, su espalda y su culazo. Ella me miró con dulzura y me preguntó "¿Te gustaría hacermelo un ratito?"
Yo no quería ir a las apuradas para no lastimarla, pero ella me dijo que estaba bien, que iba a ser solo un ratito. ¿Cómo me iba a negar?
Sacó lubricante y se lo puse con mucho cuidado. Siempre me había enloquecido su culo, y en persona era mil veces mejor. Metí los dedos primero, escuchándola gemir, acostumbrarse a la situación. Resistió un poco mi verga hasta que, de a poco, empezó a entrar.
Sus gemidos se volvieron una mezcla de placer y dolor deliciosa, intenté cuidarla y que no me ganara la bestia que me pedía cogerla sin piedad así mismo...la cuidé mientras la sodomizaba en su cama matrimonial, acariciándola, cuidando el ángulo, sintiendo como ese ano delicioso apretaba mi verga succionándola como si buscara extraerme todo.
Subí un poco el ritmo cerca del final, felicitándola por ser tan puta, diciéndole lo rica hembra anal que era y cosas que se quedan solo para nosotros. Empecé a ir un poco más fuerte, ella gimió y empezó a mover la cola también, ibamos más a ritmo, segundos de dolor agudo y placer, amé ver como mi verga era tragada por semejante culo de hembra milf. Imaginé que la cogía hasta que su marido se daba cuenta de como le quedaba su ano y fui más rápido, ella gimió, sus gemidos sumados a su culo me dejaron al borde del orgasmo y ella se dio cuenta.
-La quiero en la boca, morocho, dámela en la boquita...
La saqué, temiendo no llegar a tiempo. Un poco cayó en la sabana. La mayoría en su cara, pelo y en la boca. El orgasmo fue tan fuerte que casi lo sentí un poco doloroso, fue como estar fuera de mi, mientras ella gemía y pasaba la lengua en el aire, agarrando semen y probándolo entre gemidos de putita trola.
Nunca se veía tan sumisa y entregada como cuando estaba de rodillas a punto de recibir leche.
Los dos nos reímos, nos abrazamos. Nos hubiera gustado estar ahí toda la noche.
El baño fue rápido, y caliente. Sentirla toda tierna limpiándome me calentó de vuelta, pero ella me frenó riéndome. Sabíamos que si empezábamos, no íbamos a parar.
Ella se puso ropas de señora seria y responsable que ya tenía preparadas. Nos despedimos con un beso largo y fuerte, mientras yo caminaba feliz y drenado.
Sin importarme ni los 7 grados, ni la noche. Por ella hubiera ido a temperaturas bajo cero en remera, es de esas mujeres que hacen que la vida valga la pena en todo sentido.
Es mi debilidad. Y mi pasión.
Lanús, Buenos Aires
Montando a la Potra
4
2