Juancho
Público
Flores, CABA

Una iniciación inesperada: Mi bautismo como bull

Todo empezó en una página de citas, casi sin planearlo. Hice contacto con una pareja de muchos años, con hijos ya grandes. Al principio empecé a chatear con el marido; él me aclaró desde el primer momento que su plan era solo mirar, una fantasía compartida en la que a ambos les excitaba la idea, pero a él en particular le daba un morbo tremendo imaginar a otro con su esposa. Por mi parte, no tuve ningún problema: la propuesta me pareció interesante y decidí seguir el juego.

Llegó el día del encuentro. Me invitaron a su casa y el marido bajó a recibirme al lobby. Era bastante más alto que yo —me sacaba una cabeza entera—, pero enseguida demostró una onda excelente que me ayudó a relajarme. Entramos, subimos al departamento y allí estaba ella, esperándonos. Vestía una pollerita muy cortita y una camisa suelta que dejaba adivinar parte de sus pechos. Me senté en el sillón del living y el marido me ofreció algo de tomar. Le dije que por el momento estaba bien y nos pusimos a charlar de diferentes temas para romper el hielo.

La tensión previa se fue disipando entre risas y charlas casuales, hasta que la situación dio un giro rotundo.

Ella estaba parada a mi izquierda y él a la derecha. De repente, ella se cruzó por arriba mío para darle un beso a su esposo, dejándome el culo al aire a pocos centímetros, cubierto apenas por una tanguita roja. Verla ahí, tan accesible y provocativa, hizo que mis instintos reaccionaran al instante: obviamente, no pude evitar empezar a tocarla.

El roce encendió la mecha. Ella se dio la vuelta, me besó con ganas y se subió arriba mío. En cuestión de segundos, yo ya estaba re caliente y con la erección a flor de piel. Empezamos a chapar, a manosearnos con desesperación y a frotarnos en medio de la sala.

En pleno pico de excitación, el marido nos miró y nos lanzó la pregunta:
—¿Por qué no van a la habitación?

No hizo falta pensarlo deux veces; dijimos que sí al instante y nos trasladamos a la cama.

Resumiendo un poco, ese fue el día de mi bautismo como bull, sin siquiera saber bien en qué me estaba metiendo. Al principio sentí ese cosquilleo de timidez, la duda constante de si el marido se iba a enojar o si en algún momento se cruzaría un límite. Pero esa noche me recibí oficialmente. Terminé cogiendo con la mujer del tipo de una forma salvaje, mientras él —completamente vestido— nos observaba desde la puerta al principio, disfrutando del espectáculo, para luego acercarse un poco más y empezar a sacar fotos que inmortalizarían la escena.

Y por si se lo preguntan... esta, por supuesto, no fue la única vez. Estén atentos, porque voy a seguir contando más de estos encuentros.
Registrate para ver
Registrate para ver
Registrate para ver
0
Comentarios0
Todavía no hay comentarios. ¡Sé el primero!
Conexiones • Fantasías • Fetiches
Contenido para adultos
Este sitio contiene material explícito para adultos. Al continuar confirmás que tenés 18 años o más y que es legal acceder a este contenido en tu país.
Este sitio no está destinado a menores de edad. Si sos menor, abandoná el sitio inmediatamente.
Soy menor — Salir