Comencé pensando que este texto merecía una publicación en la pestaña “relatos”, pero, en rigor de verdad, se trata más de la formulación de una idea (y su defensa) que de una sucesión de acontecimientos. La idea: el antónimo de virtual no es real, es "físico". En todo caso, "presencial". Pero lo virtual también ocurre en el mundo de la materia. Es decir, lo virtual también es real.
-¿Real no hacen? Busco real.
Esta pregunta y su innecesaria derivada es empobrecedora de cualquier intento de comunicación en un universo -el cuckolding- regido principalmente por un orden simbólico. Y en general es formulada por un bull que no es un bull, es apenas un hétero queriendo ponerla. Esta criatura desconoce que el morbo es una actividad semántica, es decir, del significado. Es mucho más devastador y explosivo lo que SIGNIFICA el coito con una mujer casada que el coito mismo. Es mucho más interesante y complejo y vibrante y excitante y provocador y estimulante y ambicioso y tremendo el SIGNIFICADO de la posesión que el hecho físico de poseer. En un mundo donde la mente organiza el goce, el cuerpo solo puede ser un artefacto.
Permítanme contarles una historia para sostener mi punto. Una historia que acaso haya ocurrido.
Un matrimonio consolidado que anda cada uno en sus cincuentas están solos una noche en su casa y deciden que van a jugar. Ella se dispone, él toma lo que acostumbra a tomar para facilitar su entrada el rol, y entonces suben la tapa de la notebook que está sobre la mesa ratona del living.
Un rato antes las cosas habían tomado temperatura en los teléfonos. Alguien, un sujeto que conoce con precisión los pliegues del juego, los invitó a formar un grupo de Telegram. Una vez que los tres se encontraron allí, las invitaciones se convirtieron en órdenes. Los tres son: ella, la esposa. Él, el esposo. Y -llamémoslo- Lucas, cuyo nick es bullcordobés, lo que hizo que el matrimonio supusiera que este player se encontraba en algún lugar de la provincia de Córdoba, cosa que nos le importó en absoluto porque lo mismo daba que estuviera en la cuadra de enfrente.
Ocurrió todo el pack de humillaciones y rebajes que pueden suponer en una sesión cuckolder donde el marido está hasta el culo de cocaína y gozando fuerte su conversión a cornudo sumiso; donde la esposa está drogada solamente con la libido que le llega desde la pantalla; y donde el bull disfruta de ejercer el poder, aunque sepa que se trata de un poder delegado.
En cierto momento, ocurre lo siguiente: el bull, tratándola de puta, le ordena a la mujer que se desnude por completo frente a la pantalla. Y al marido -que ya está desnudo, arrodillado y en tanga- le ordena irse de allí. Cuando bull y hotwife se tienen a solas, Lucas (creativo, inteligente, domador real y mucho más real que otros que solo tienen para ofrecer un cuerpo presente) le ordena a la mujer masturbarse para Él usando el dedo donde tiene colocado su alianza matrimonial. Ella no puede creer lo que le están pidiendo, pero lo hace. El cornudo es informado de lo que su esposa está haciendo vía telegram y capturas mediante. No tiene permitido asomarse. Le brilla el anillo a la mujer mientras se toca en las profundidades de sí misma. Y el bull, bueno, el bull disfruta también. Los tres acaban como caballos, se hipertrofian en su cumbre de dopamina liberada y se dejan caer después en el charco de humanidad que quedó de ellos al otro lado del orgasmo.
La acción siguiente es bajar la tapa de la computadora y volver al mundo de las personas.
Que alguien me diga que esto no es coger. Que alguien me diga que coger así no es real.
-¿Real no hacen? Busco real.
Esta pregunta y su innecesaria derivada es empobrecedora de cualquier intento de comunicación en un universo -el cuckolding- regido principalmente por un orden simbólico. Y en general es formulada por un bull que no es un bull, es apenas un hétero queriendo ponerla. Esta criatura desconoce que el morbo es una actividad semántica, es decir, del significado. Es mucho más devastador y explosivo lo que SIGNIFICA el coito con una mujer casada que el coito mismo. Es mucho más interesante y complejo y vibrante y excitante y provocador y estimulante y ambicioso y tremendo el SIGNIFICADO de la posesión que el hecho físico de poseer. En un mundo donde la mente organiza el goce, el cuerpo solo puede ser un artefacto.
Permítanme contarles una historia para sostener mi punto. Una historia que acaso haya ocurrido.
Un matrimonio consolidado que anda cada uno en sus cincuentas están solos una noche en su casa y deciden que van a jugar. Ella se dispone, él toma lo que acostumbra a tomar para facilitar su entrada el rol, y entonces suben la tapa de la notebook que está sobre la mesa ratona del living.
Un rato antes las cosas habían tomado temperatura en los teléfonos. Alguien, un sujeto que conoce con precisión los pliegues del juego, los invitó a formar un grupo de Telegram. Una vez que los tres se encontraron allí, las invitaciones se convirtieron en órdenes. Los tres son: ella, la esposa. Él, el esposo. Y -llamémoslo- Lucas, cuyo nick es bullcordobés, lo que hizo que el matrimonio supusiera que este player se encontraba en algún lugar de la provincia de Córdoba, cosa que nos le importó en absoluto porque lo mismo daba que estuviera en la cuadra de enfrente.
Ocurrió todo el pack de humillaciones y rebajes que pueden suponer en una sesión cuckolder donde el marido está hasta el culo de cocaína y gozando fuerte su conversión a cornudo sumiso; donde la esposa está drogada solamente con la libido que le llega desde la pantalla; y donde el bull disfruta de ejercer el poder, aunque sepa que se trata de un poder delegado.
En cierto momento, ocurre lo siguiente: el bull, tratándola de puta, le ordena a la mujer que se desnude por completo frente a la pantalla. Y al marido -que ya está desnudo, arrodillado y en tanga- le ordena irse de allí. Cuando bull y hotwife se tienen a solas, Lucas (creativo, inteligente, domador real y mucho más real que otros que solo tienen para ofrecer un cuerpo presente) le ordena a la mujer masturbarse para Él usando el dedo donde tiene colocado su alianza matrimonial. Ella no puede creer lo que le están pidiendo, pero lo hace. El cornudo es informado de lo que su esposa está haciendo vía telegram y capturas mediante. No tiene permitido asomarse. Le brilla el anillo a la mujer mientras se toca en las profundidades de sí misma. Y el bull, bueno, el bull disfruta también. Los tres acaban como caballos, se hipertrofian en su cumbre de dopamina liberada y se dejan caer después en el charco de humanidad que quedó de ellos al otro lado del orgasmo.
La acción siguiente es bajar la tapa de la computadora y volver al mundo de las personas.
Que alguien me diga que esto no es coger. Que alguien me diga que coger así no es real.