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La playa nudista

El cornudo pagó todo. Un viaje de una semana a una playa nudista en Brasil. Sabía exactamente por qué. No era un viaje de pareja. Era un viaje para dejar volar sus más bajos instintos, en otro país donde nadie los conocía y podían deshinibirse aún más.
Llegaron al mediodía. El sol castigaba la arena blanca. Ella se desvistió de inmediato, exhibiendo esas hermosas tetas operadas que el cornudo pagó con gusto. El también se desnudó, avergonzado, su miembro pequeño colgando entre sus piernas, objeto de risas y murmullos de los brasileños que tomaban cerveza en la orilla.
Al rato, Un grupo de tres hombres, morenos, corpulentos, con pollas grandes y pesadas colgando entre las piernas, se acercaron. Hablaban en portugués, señalando al cornudo, riendo, haciendo gestos de diminutivo con los dedos. El más alto, un tipo de metro noventa con abdomen marcado, le preguntó a ella en español entrecortado: "¿Es tu marido?"
Ella sonrió, señaló el pito del cornudo y dijo: "Sí. Haciendo la señal de que chiquito con los dedos y sonriendose mientras llevaba la vista a las grandes pijas negras de los brasileros
Los 4 rieron. Y se quedaron hablando y admirandose mutuamente. La conversación se torno sexual muy rapidamente como era de esperarse, Uno le dio una palmada en el culo a ella, tan dura que dejó la marca de su mano roja sobre la piel blanca. Otro agarró una de sus tetas operadas, apretó, hizo un comentario en portugués que el cornudo no entendió pero sí el gesto de aprobación.
Los 4 fueron al agua. Ella nadó desnuda entre ellos, sintiendo manos por todas partes, dedos entrando ¿sin? permiso, en su culo, preparándola, abriéndola. El cornudo los siguió desde la orilla, cargando las bebidas y los bolsos de todos. su pito pequeño temblando de excitación y vergüenza bajo el sol.
Salieron del agua en un sector de piedras, un poco menos expuestos al resto de la playa, pero no del todo ocultos, el cornudo los siguio por la orilla, cuando llego ella ya estaba arrodillada en la arena con los tres brasileros rodeandola y ella pasando de una pija a la siguiente. Luego la recostaron de espaldas en la arena Uno se puso sobre ella. Ella abrió las piernas de par en par, mirando directo a los ojos del cornudo arrodillado en la arena a un metro de distancia. "Mira bien, inútil," le dijo, "y ni se te ocurra tocarte"
El brasileño entró, de una, hasta el fondo. Ella gimió tan fuerte que toda la playa debuo haberla escuchado, una mezcla de placer y humillacion para el cornudo. Él empezó a moverse, duro, profundo, usándola a ella como un objeto, mientras el cornudo miraba desde la arena, arrodillado, con las manos sobre las rodillas, obligado a ver cada embestida.
Terminó adentro. El brasileño se corrió profundo, gruñendo, llenándola de leche caliente, recién ahí el cornudo se percato que no se habia puesto preservativo. Cuando salió, el semen blanco y espeso empezó a escurrir inmediatamente.
El segundo brasileño no esperó. La puso a cuatro patas y le entró desde atrás, también sin forro, usando la leche del primero como lubricante natural. Ella gemía mirando al cornudo, humillándolo con sus propios gemidos de placer, con su cara de éxtasis que él nunca había logrado provocar. También acabo dentro
Cuando el tercero estaba por terminar, la hizo darse la vuelta y acabo todo sobre su cara y sus tetas. Ella estaba llena, por dentro y por fuera. Los brasileños tomaban cerveza sentados en la arena, señalándo al cornudo y llamándolo "cornão pequeño", "marido inútil".
Entonces el cornudo supo que debía hacer. Se arrastró por la arena, se posicionó entre las piernas abiertas de su mujer, y metió la lengua. Lamió la concha de su esposa, saboreando la mezcla de semen de los extraños, tragando, limpiando profundo, metiendo la lengua hasta donde alcanzaba para sacar todo lo que dejaron adentro. Cuando termino de limpiarla vio que los brasileños filmaban con sus celulares, riendo

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